miércoles, marzo 22, 2006
sábado, marzo 11, 2006
jueves, febrero 09, 2006
podredumbre gris
los ojos ya ni me lloran, porque el polvo que tanta obra saca de la tierra reseca también los ha secado; la "señora" que ha convertido la palabra "esperanza" en sinónimo de perdición y deseperación continua hoy presentando sus planes; mis hijos ya no tendrán el legado de la sierra que vieron los ojos de mi padre, y de su padre antes que él, y de tantos otros hombres y mujeres; no podré mostrarles el vuelo de los escarabajos que salen del bosque, ni el cambio de color de los rebollares con el otoño, ni la explosión de colores del amanecer en Lozoya; esta puta y todo el resto de secuaces de los siete jinetes continúan con nuestro apocalípsis; a veces, me gustaría creer en el infierno, para tener algo de sensación de justicia que me dé un poco de paz y me ayude a no mirarlos con odio, sino tan sólo con el inmenso desprecio que les tengo

sois podredumbre gris
descomposición
la mierda inútil que ni los gusanos van a querer comer
y que ha de ser el viento el que se la lleve
sois miseria
pobreza absoluta
perversión de la condición animal
que vuelve la espalda al crecimiento del ser humano
sois pasado
agua que ha de correr sin que nadie la beba
porque nunca sereis el futuro
destruyendo como destruís
corrompiendo como corrompéis
minando la vida de los demás por vuestro puto egoísmo
¿qué queréis? ¿qué queréis de nuestros hijos?
¿es que no os sobra con joder nuestra vida,
que queréis robarles también la suya?
¿para qué tanto? ¿para qué más?
¿sois felices así?
¿o es que vuestra infelicidad es tan grande que ya no la soportáis solos?
reniego de vosotros
amo el amor
amo la vida
amo el sol, la luz, la tierra
la sonrisa de un niño cuando agarra con sus manitas un dedo de su padre
el calor de la espalda de la persona amada
la conversación, la risa, las miradas
amo al hombre
y vosotros ya no lo sois
nacísteis de vientre de mujer
para convertiros en hijos de la miseria
del horror, la violencia
la prepotencia, el engaño
el odio, la avaricia
el miedo
porque esa es la puta verdad, lo que tenéis es miedo
miedo de la sencillez
miedo al amor
miedo a dar
miedo a recibir
al negro, al gris, al blanco, al amarillo
a ser diferente
y a ser igual
miedo de todo lo que no sóis vosotros
y miedo de los que son como vosotros
miedo de vivir
y por eso matáis
torturáis
robáis
intentáis apagar vuestro sufrimiento con el nuestro
exprimís la tierra
contamináis nuestras vidas
nos vendéis consumo
mercado
dinero
tener
y no ser
porque sois los hombres grises
y queréis robarnos el tiempo
la tierra y la vida
porque sólo conocéis la posesión
y envidíais la opción
de la verdadera existencia
de sólo ser
ser humano
nunca será poseer humano
vuestro camino no existe
no está en ningún futuro
porque ya habéis perdido
sois sólo podredumbre gris
que ha de ser el viento a llevar
porque ni los gusanos se toman el trabajo
de borraros del mundo
mataréis el mundo
los valles, las montañas
mi sierra
nuestras calles
los prados que acariciaron mis ojos
y que ahora sólo están en mi memoria
mataréis a la gente
ensuciaréis nuestros pulmones
secaréis nuestra agua
derramándola estúpidamente
exprimiréis nuestras vidas
hasta que poseáis la última gota de sudor del último ser humano
mataréis la diversidad
las opciones, el arte
la música
las hijas mestizas de la risa y la humanidad
acabaréis con los hijos de la tierra
hasta que sólo números distingan lo que antes eran hombres
mataréis las ideas
la verdad, el juicio
la libertad
la voluntad de compartir la vida en paz
pervertiréis el significado de la palabra, la opinión, el razonamiento
hasta que no queden más que doctrinas vacías y fórmulas de sometimiento
pero nunca, nunca
¡¡¡NUNCA!!!
nunca mataréis la vida
nunca mataréis la existencia
porque sóis sólo podredumbre gris
sin futuro,
porque al negárnoslo os lo negáis
sin presente,
porque no sois, sino que poseéis
sin pasado,
porque pasaréis y nada quedará de vosotros
nada queda de lo que no ha sido
sólo podredumbre gris
que ha de llevarse el viento
porque ni los gusanos se tomarán el trabajo
de borraros del mundo
martes, enero 17, 2006
las bicicletas no son sólo para el verano
a veces, los caminos entran en zonas de sombra, donde el sol no brilla nunca, o tan sólo raras veces; algún recodo umbrío, o la sombra de alguna piedra, o la olorosa sombra de un bosque; sin embargo, a veces ese pequeño recodo se convierte en camino, y su sombra te acompaña un buen trecho, recordándote que no hay nada como el picor del sol en la piel, pero también que la belleza no es patrimonio de la luz

Llegamos a Levezinha una tarde con vocación de noche. El avión se sumergió en el mar de nubes que sobrevolaba desde los valles de las tierras planas de los francos, y nos dejó en una habitación grande de indirecta luz plomiza. Aún recuerdo los flecos algodonados de las nubes sobre Levezinha, zarcillos contraídos por el frío a la manera de las ramas de un sauce en invierno, intentando abrazar al frío sol que las baña con sus rayos desde el horizonte.

Levezinha es una ciudad de gente callada, líneas rectas, grandes espacios interiores y luz indirecta. Y las bicicletas. Cientos, miles de velocípedos, cada calle con sus carriles, cada estación de tren y cada esquina llenas de ruedas de alambre y cadenas oxidadas. El invierno de Levezinha es gris plomo, sí, pero un gris vívido, de colores vivos en movimiento. Grises bloques de hormigón enmarcan calles limpias y vacías por las que corren rápidos los leves. Grandes manzanas de casas señoriales rodean parques de suelos congelados durante el invierno. Ventanas de luz amarilla, a veces empañadas por el calor de las ollas cociendo patatas, con interiores de Ikea y estéreos de Bang & Olufsen. Es bonita Levezinha.

Y son bonitos los leves. Rubios, de carnes vívidamente rosadas, grandes espaldas. Muy guapos, sí. Los leves. Curioso gentilicio. Pero es que ellos son así. Nunca pensé que un pueblo tan grande pudiera moverse de manera tan grácil. Ahora entiendo la descripción de los elfos andando sobre la nieve recién caída sin hundirse ni dejar huella. Esta gente es así. Eso sí, su corazón está al sur. Abiertos y cálidos como si miraran al Mediterráneo en lugar de a este frío mar norteño. Son leves de movimiento, mas no de trato.
Va a ser un año interesante, pero no va a ser frío. Sobre todo si puedo volar al sol de vez en cuando.

Ai, nem as saudades do meu lar e da minha terra impidem-me de ver a beleza desta cidade cinzenta. As núvens cinzentas corren sobre os telhados de chumbo, mas são belas na mesma. Até a minha tristeza é bela, porque é a lembrança dos olhos do meu lar, que brilhan numa terra também fria e cinzenta, longe no espaço mas sempre comigo no coração. Assim é que posso ver a beleza duma cidade fría, com os olhos da felicidade de ter o meu lar sempre comigo.
domingo, enero 08, 2006
tan lejos y tan cerca
para algunos, la vida es un continuo transcurrir de horas, minutos y segundosyo, más humilde soy, y me conformo con que la onda que sale del último suspiro de un segundo me transporte mecido hasta el siguiente
Robe Iniesta (transcripción muy libre)
estoy solo en casa, y tú me acompañas
me acompañas siempre, mientras duermo y mientras vivo, estás lejos, en el frío, pero tu calor me alimenta por dentro
de aquí a unos días marcharé a un nuevo destino, una nueva ciudad, vieja para otros, pero nueva al fin y al cabo para mis ojos... y lejos de tí, aunque sólo nos separe un vuelo
sin embargo, no se acabó tu calor junto a mí por las noches, aún siento el tacto de tus pequeñas manos entrelazadas con las mías, mientras me preparo a seguir enfrentándome con esta aventura continua que es la vida
¿tengo miedo de partir, de dejar mi casa, que ya no es la mía si no estás tú? ni lo pienso, ni lo padezco, sólo trabajo; a veces hay que hacer un esfuerzo importante, pero la verdad es que los ojos se me cierran; no sería grave, sino fuera porque lo que se me cierra es la mente, y no puedo hacer el trabajo que me liberaría para dormir tranquilo, todo lo tranquilo que puedo dormir sin que estés tú a mi lado
Todo comenzó hace más de tres décadas, y todo comenzará en poco más de tres días. Parto para una de las ciudades blancas, junto al mar, donde la nieve convive contigo todo el año, y no se limita a mirarte desde las montañas. ¿Volveré a echarlas de menos? Seguro que sí, mis ojos se han hecho a los picos, a ver cómo la tierra intenta alcanzar al cielo, no sé si por envidia o por amor. Sin embargo, la felicidad está en los ojos del que miran, y seré feliz.
Tres días, tres horas de vuelo, dosmil quilómetros, dos semanas, año 2006. Cifras para evitar la acción de una aventura, que aunque comenzó hace tiempo, aún no ha comenzado para vosotros. Paciencia, sólo un poco más, y en la próxima curva del camino podréis uniros a mi viaje perpetuo.



