este es mi proyecto literario, o mi novela interactiva, o no sé bién qué... no sé si es una historia de mi vida, o de la de los que me rodean, o una historia de verdad. dicen que todas las novelas son autobiográficas, pero yo para eso tengo el otro blog; el caso es que la vida me trata bien, pero me marea un poco, y voy a intentar llevarlo a las letras, algo que siempre quise hacer. tú dirás si merecía la pena, o si tendría que haberme dedicado a ver más televisión

martes, enero 17, 2006

las bicicletas no son sólo para el verano

a veces, los caminos entran en zonas de sombra, donde el sol no brilla nunca, o tan sólo raras veces; algún recodo umbrío, o la sombra de alguna piedra, o la olorosa sombra de un bosque; sin embargo, a veces ese pequeño recodo se convierte en camino, y su sombra te acompaña un buen trecho, recordándote que no hay nada como el picor del sol en la piel, pero también que la belleza no es patrimonio de la luz


Llegamos a Levezinha una tarde con vocación de noche. El avión se sumergió en el mar de nubes que sobrevolaba desde los valles de las tierras planas de los francos, y nos dejó en una habitación grande de indirecta luz plomiza. Aún recuerdo los flecos algodonados de las nubes sobre Levezinha, zarcillos contraídos por el frío a la manera de las ramas de un sauce en invierno, intentando abrazar al frío sol que las baña con sus rayos desde el horizonte.


Levezinha es una ciudad de gente callada, líneas rectas, grandes espacios interiores y luz indirecta. Y las bicicletas. Cientos, miles de velocípedos, cada calle con sus carriles, cada estación de tren y cada esquina llenas de ruedas de alambre y cadenas oxidadas. El invierno de Levezinha es gris plomo, sí, pero un gris vívido, de colores vivos en movimiento. Grises bloques de hormigón enmarcan calles limpias y vacías por las que corren rápidos los leves. Grandes manzanas de casas señoriales rodean parques de suelos congelados durante el invierno. Ventanas de luz amarilla, a veces empañadas por el calor de las ollas cociendo patatas, con interiores de Ikea y estéreos de Bang & Olufsen. Es bonita Levezinha.


Y son bonitos los leves. Rubios, de carnes vívidamente rosadas, grandes espaldas. Muy guapos, sí. Los leves. Curioso gentilicio. Pero es que ellos son así. Nunca pensé que un pueblo tan grande pudiera moverse de manera tan grácil. Ahora entiendo la descripción de los elfos andando sobre la nieve recién caída sin hundirse ni dejar huella. Esta gente es así. Eso sí, su corazón está al sur. Abiertos y cálidos como si miraran al Mediterráneo en lugar de a este frío mar norteño. Son leves de movimiento, mas no de trato.

Va a ser un año interesante, pero no va a ser frío. Sobre todo si puedo volar al sol de vez en cuando.


Ai, nem as saudades do meu lar e da minha terra impidem-me de ver a beleza desta cidade cinzenta. As núvens cinzentas corren sobre os telhados de chumbo, mas são belas na mesma. Até a minha tristeza é bela, porque é a lembrança dos olhos do meu lar, que brilhan numa terra também fria e cinzenta, longe no espaço mas sempre comigo no coração. Assim é que posso ver a beleza duma cidade fría, com os olhos da felicidade de ter o meu lar sempre comigo.

2 charlas en el camino:

Blogger Guida said...

Os meus olhos ainda estão cegos para o que me rodeia... mas pouco a pouco vou-me libertando da escuridão e vou vendo a beleza do que me rodeia! Quem me dera ter a tua força!

3:26 p. m.

 
Blogger Cvalda said...

Ya sabes que el frio nunca helará nuestros corazones,jeje.No olvides que nosotros,desde el sol,seguimos tus pasos...

11:23 p. m.

 

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